Columna invitada de Hugo Ruiz, Presidente del Consejo Nacional de Ejecutivos en Logística y Cadena de Suministro (ConaLog)
La revisión del T-MEC ha vuelto a colocar en el centro de la conversación temas como las reglas de origen, los aranceles, el contenido regional y la integración de las cadenas productivas. Todos son relevantes. Sin embargo, existe otra discusión que no debería quedar fuera: la capacidad real de México para mover mercancías de manera segura, eficiente y confiable.
Un acuerdo comercial puede abrir mercados, atraer inversiones y generar nuevas oportunidades. Pero esas oportunidades sólo se convierten en crecimiento cuando los productos llegan a tiempo, los cruces fronterizos funcionan, las carreteras son seguras y el transporte cuenta con infraestructura y personal suficiente para responder a la demanda.
México tiene una ventaja geográfica difícil de igualar. Compartimos una extensa frontera con uno de los mercados más importantes del mundo y formamos parte de una región con cadenas de suministro cada vez más integradas. Pero la cercanía, por sí sola, no garantiza competitividad. Una hora perdida en una aduana, una ruta interrumpida, un robo de carga o la falta de operadores pueden eliminar rápidamente esa ventaja.
Por eso, el transporte de carga no debe verse únicamente como el último eslabón de una operación. Es una infraestructura estratégica para la manufactura, el comercio y el desarrollo económico del país. Sin una logística sólida, cualquier política industrial queda incompleta.
La revisión del tratado representa una oportunidad para ampliar la conversación. Además de defender condiciones comerciales favorables, debemos construir una agenda logística nacional que incluya seguridad carretera, modernización de cruces fronterizos, mantenimiento de infraestructura, formación de operadores, digitalización de procesos y mayor coordinación entre los distintos medios de transporte.
Esto exige colaboración coordinada entre los actores de la cadena de suministro y las organizaciones que los representan, con el objetivo de profesionalizar y modernizar sus operaciones, planear mejor la generación de carga y reducir ineficiencias. La academia también debe ser un colaborador relevante para contribuir en la formación del talento que el sector necesita. Y, por último, las autoridades gubernamentales deben crear condiciones adecuadas. Ninguno de los actores mencionados anteriormente puede resolver por sí solo los retos que enfrentamos.
El T-MEC puede seguir siendo una plataforma de crecimiento para México y para América del Norte. Pero su éxito no dependerá solamente de lo que se acuerde en una sala de negociación. Dependerá de lo que ocurra todos los días en nuestras carreteras, aduanas, patios y centros logísticos.
Porque los tratados abren las puertas; la logística es la que permite cruzarlas.
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