La construcción de un ecosistema integral de movilidad eléctrica requiere de la participación coordinada de diversos actores, entre ellos la iniciativa privada, las autoridades gubernamentales, las asociaciones del sector y, de manera fundamental, la academia. Es en los centros educativos donde se promueve con ahínco la investigación, el desarrollo tecnológico y la formación de talento especializado.
Uno de los mayores referentes de ese esfuerzo es Germán Carmona Paredes, quien durante más de tres décadas ha sido uno de los principales impulsores de la electromovilidad en el país. Desde el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, actualmente, como Presidente de la Asociación Mexicana de Impulso al Vehículo Eléctrico (AMIVE), ha participado en proyectos pioneros que sentaron las bases de una industria que hoy comienza a consolidarse.
En los años 90, un grupo de investigadores de la UNAM decidió enfrentar uno de los problemas más apremiantes de Ciudad de México: la contaminación provocada por el transporte público. A partir de ese momento, con el acompañamiento permanente de los estudiantes, desarrollaron el primer minibús eléctrico mexicano, un proyecto que posteriormente dio paso a nuevas investigaciones en motores, electrónica de potencia, cargadores, controladores y modelos matemáticos para dimensionar correctamente cada componente.
A lo largo de los años, la evolución tecnológica ha sido evidente. Los primeros vehículos eléctricos desarrollados en el país utilizaban baterías de plomo-ácido y ofrecían autonomías cercanas a los 60 kilómetros. Hoy, gracias al avance de los motores eléctricos, la electrónica y, sobre todo, las baterías de ion-litio, las unidades pueden recorrer más de 200 kilómetros con una sola carga en aplicaciones de transporte público”, explica en entrevista con Alianza Flotillera.
Una electromovilidad integral
Desde su perspectiva, la electromovilidad no puede analizarse únicamente desde el vehículo eléctrico, ya que es indispensable diseñar un ecosistema que contemple infraestructura de recarga, disponibilidad energética, mecanismos de financiamiento, regulación técnica y políticas públicas que otorguen certidumbre a inversionistas y usuarios.
Cada operación posee necesidades específicas que deben estudiarse cuidadosamente antes de elegir la tecnología adecuada. Mientras un vehículo particular puede cubrir prácticamente toda su demanda cargándose durante la noche en casa, una flota de reparto, un autobús urbano o un tractocamión requieren estrategias completamente distintas de infraestructura, potencia eléctrica y logística de recarga”, señala.
Por ello, considera fundamental escuchar directamente a los transportistas antes de diseñar cualquier estrategia de electrificación. Tanto en el transporte público como en el de carga, conocer las rutas, los ciclos de operación, las distancias recorridas y los modelos de negocio permite construir soluciones verdaderamente funcionales.
Asimismo, Carmona Paredes subraya que considerar al vehículo eléctrico como un activo de largo plazo, cuyos menores costos de operación compensan su mayor inversión inicial, ha permitido ampliar gradualmente los plazos de financiamiento y hacer viables proyectos que hace algunos años parecían imposibles.
Sinergias para avanzar
En ese sentido, indica que desde la AMIVE se trabaja en la construcción de un entorno favorable para la electromovilidad mediante la participación en procesos regulatorios, el impulso de normas técnicas para homologar sistemas de recarga, el acompañamiento a empresas interesadas en electrificar sus flotas y la vinculación con proveedores de infraestructura y esquemas de financiamiento.
En ese proceso, apunta, es esencial la participación de la academia. Más allá de desarrollar tecnología nacional, las universidades tienen la responsabilidad de formar a los ingenieros, técnicos y especialistas que requiere esta industria.
La electromovilidad demanda perfiles altamente capacitados que sólo podrán formarse mediante una estrecha colaboración entre instituciones educativas, empresas y gobiernos”, explica.
Ejemplo de esto es que proyectos desarrollados en la UNAM han evolucionado hacia alianzas con empresas como Potencia Industrial y Megaflux, además de contar con el respaldo de diversos gobiernos para concretar desarrollos como el autobús eléctrico Taruk, hoy producido en serie por DINA.
Este tipo de casos demuestra que la innovación nacional puede traducirse en soluciones comerciales cuando existe una estrategia conjunta entre academia, industria y sector público”, afirma.
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