Con la adopción de motores diésel con tecnología Euro V y Euro VI, el autotransporte mexicano ha logrado reducir de manera significativa sus emisiones contaminantes. Sin embargo, el desempeño de estos sistemas depende de un insumo que con frecuencia pasa desapercibido: la urea automotriz, también conocida como DEF (Diesel Exhaust Fluid).
Aunque para algunos transportistas se trata de un gasto más dentro de la operación, especialistas del sector afirman que utilizar un producto certificado y de alta calidad representa una inversión para proteger el sistema de postratamiento, mantener la eficiencia de las unidades y evitar costosas reparaciones.
Cabe destacar que la urea automotriz es una solución compuesta por 32.5% de urea de alta pureza y 67.5% de agua desmineralizada. Y a diferencia de lo que algunos operadores creen, no es un aditivo que se mezcle con el diésel, sino un fluido que se almacena en un depósito independiente y se inyecta al sistema de escape mediante la tecnología de Reducción Catalítica Selectiva (SCR), donde transforma los óxidos de nitrógeno (NOx) en nitrógeno y vapor de agua.
Esta solución es indispensable para los tractocamiones, autobuses, vehículos comerciales y maquinaria equipada con sistemas SCR, desarrollados para cumplir con las normas ambientales más estrictas. Su correcta formulación está regulada por estándares internacionales como la ISO 22241, además de certificaciones como API y AdBlue, que garantizan la pureza tanto de la urea como del agua utilizada en su fabricación.
De acuerdo con empresas como Noxguard, fabricante de urea automotriz, en motores Euro V, el consumo de esta solución debe ser de cuatro a seis litros por cada 100 litros de diésel; mientras que en los sistemas Euro VI, esta relación aumenta de seis a ocho litros de urea, debido a sus límites más estrictos de NOx.
Malas prácticas en ascenso
No obstante, conforme aumenta el parque vehicular equipado con esta tecnología, también crecen las malas prácticas en torno al suministro del producto. En el mercado han proliferado soluciones elaboradas con urea de grado agrícola, mezclas diluidas con agua e incluso productos de origen desconocido que se comercializan a menor precio, una tendencia impulsada principalmente por el intento de reducir costos operativos.
Ernesto Alonso, Especialista de Lubtrac AirBlue, explicó que gran parte de esta problemática se origina por el desconocimiento. “Hay quienes utilizan urea agrícola porque contiene el porcentaje de urea requerido, pero desconocen que no posee las características químicas necesarias para trabajar en los sistemas SCR. Nosotros utilizamos exclusivamente urea automotriz certificada por API, lo que brinda certeza al cliente de que recibe un producto con los estándares adecuados”, comentó.
Alonso señaló que estas prácticas son más frecuentes entre hombres-camión y pequeñas flotillas, mientras que las grandes empresas suelen exigir productos certificados como parte de sus procesos de calidad.
Desde el punto de vista técnico, Cuauhtémoc Carrasco, Químico de Sky Blue, compañía fabricante de esta solución, advirtió que la diferencia entre una urea automotriz y una agrícola va mucho más allá de la concentración del producto. Explicó que la urea agrícola incorpora formaldehído y otros compuestos que, al ingresar al sistema SCR, se adhieren al catalizador y reducen progresivamente su capacidad para eliminar los óxidos de nitrógeno, comprometiendo tanto el desempeño del vehículo como el cumplimiento de las normas ambientales.
Carrasco agregó que el ahorro inicial termina convirtiéndose en un gasto considerable para el transportista, ya que si la unidad consume de manera recurrente una solución de baja calidad, el deterioro del sistema puede manifestarse meses después, cuando ya existe daño irreversible en inyectores, depósitos o incluso en todo el catalizador. “Lo barato siempre sale caro”, advierte el especialista.
Por su parte, Marco Rodríguez, asesor comercial de Ultrablue, coincidió en que muchos de los rumores que circulan entre operadores fomentan estas prácticas. Comentó que algunos transportistas llegan a creer que es posible rellenar el depósito con agua o sustituir el producto por otras sustancias, cuando en realidad el sistema electrónico del vehículo monitorea permanentemente la calidad y concentración de la urea.
Daños costosos o irreversibles
No obstante, los riesgos no terminan ahí. El uso de agua sin desmineralizar o de urea de baja calidad favorece la formación de depósitos minerales y cristales que obstruyen inyectores, tuberías y catalizadores. Esta contrapresión obliga al motor a trabajar con mayor esfuerzo, incrementa el consumo de combustible y puede derivar en la sustitución completa del sistema SCR, una reparación cuyo costo asciende a miles de dólares por vehículo. A ello se suma la posible pérdida de la garantía otorgada por el fabricante si se comprueba el uso de fluidos no certificados.
Para evitar estas situaciones, los especialistas recomiendan verificar que el proveedor pueda demostrar la trazabilidad de la materia prima, el cumplimiento de la norma ISO 22241, certificaciones como API y la utilización de agua tratada mediante procesos de ósmosis inversa. También aconsejan mantener un control sobre los puntos de abastecimiento y capacitar a los operadores para eliminar mitos que aún persisten en el mercado.
De acuerdo con estimaciones compartidas por Sky Blue, entre el 35 y el 40% de la urea comercializada en México podría ser de baja calidad, mientras que estudios internos de la empresa indican que cerca del 46% de las unidades con sistema SCR activo estarían utilizando urea agrícola.
Aunque estas cifras reflejan la magnitud del problema, también evidencian la necesidad de fortalecer la cultura de la prevención y de exigir productos certificados que garanticen el correcto funcionamiento de las unidades.
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