La construcción de un ecosistema de movilidad sostenible requiere de una visión integral que vaya más allá de la reducción de emisiones contaminantes. Esta perspectiva es planteada por Angélica Lozano Cuevas, Investigadora Titular del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien subraya que el enfoque debe incorporar también dimensiones ambientales, sociales y económicas de manera simultánea.
En materia ambiental, uno de los pilares es la disminución de gases de efecto invernadero y otros contaminantes asociados al transporte. Sin embargo, Lozano Cuevas advierte que centrar la discusión únicamente en este aspecto limita el alcance de las soluciones, ya que deja de lado temas igualmente relevantes en la vida cotidiana de las personas.
Desde la perspectiva social, el tráfico vehicular representa uno de los principales problemas. La investigadora explica que la congestión incrementa los tiempos de traslado tanto en el transporte público como en el privado y de carga, afectando directamente la calidad de vida de las personas.
El tráfico vehicular afecta a todos. A mayor tiempo en el transporte, menor disponibilidad para otras actividades, además de mayores niveles de cansancio y costos, especialmente para quienes viven en zonas periféricas”, destaca en entrevista con Alianza Flotillera.
Otro elemento poco atendido es la ocupación del espacio público. La especialista indica que este suele estar saturado por obstáculos y una mala organización, lo que dificulta la movilidad eficiente. Por tanto, un mejor aprovechamiento del espacio, mediante políticas coordinadas entre gobierno y sector privado, permitiría reducir tiempos de traslado y mejorar las condiciones urbanas.
Asimismo, la resiliencia es otro componente esencial dentro de un sistema sostenible. El transporte de carga, en particular, debe estar preparado para enfrentar eventos extraordinarios, tanto naturales como provocados por el ser humano, como bloqueos o desastres. Esto implica diseñar sistemas capaces de adaptarse y mantener operaciones ante interrupciones.
Hacia una multimodalidad sostenible
Para Angélica Lozano, este contexto convierte a la multimodalidad en una alternativa estratégica. Integrar distintos modos de transporte permite aprovechar las ventajas de cada uno: el ferrocarril, por ejemplo, para largas distancias y grandes volúmenes, mientras que el autotransporte para la distribución urbana, donde la flexibilidad es indispensable.
No obstante, la implementación de sistemas multimodales enfrenta desafíos operativos importantes, especialmente en los puntos de transferencia entre modos. Los centros logísticos requieren una coordinación precisa, ya que retrasos en un tramo pueden afectar toda la cadena, generando ineficiencias como trenes que parten sin carga completa o mercancías que no llegan a tiempo.
Existen también limitaciones de la infraestructura urbana. Muchas zonas cercanas a terminales ferroviarias o centros logísticos no están preparadas para un mayor flujo de camiones. Esto genera un doble impacto: dificulta la operación del transporte de carga y, al mismo tiempo, afecta a los habitantes por ruido, contaminación y congestión”, explica la universitaria.
De acuerdo con la investigadora, esta problemática responde en gran medida a la falta de planificación y ordenamiento territorial, particularmente en términos logísticos. La ausencia de una visión integral provoca conflictos entre la operación del transporte y la dinámica urbana.
Infraestructura, el gran eslabón
En cuanto a políticas públicas, Lozano Cuevas subraya la necesidad de partir del entendimiento de la demanda, tanto actual como futura. Las decisiones de infraestructura deben basarse en cuántas personas o mercancías requieren trasladarse entre ciertos puntos, evitando inversiones que no respondan a necesidades reales y que terminen subutilizadas.
Asimismo, propone fortalecer la planeación urbana con infraestructura específica para la logística, como corredores y bahías de carga y descarga adaptadas a cada zona, así como espacios de estacionamiento regulados.
Todo ello debe sustentarse en información confiable y análisis detallados que consideren la diversidad de las ciudades. El uso de tecnologías también es fundamental. Sistemas de información en tiempo real pueden optimizar rutas, reducir tiempos y mejorar la eficiencia operativa”, apunta.
Ante el crecimiento del comercio electrónico, la investigadora sugiere implementar soluciones como lockers o puntos de recolección que disminuyan el número de entregas domiciliarias y, con ello, los impactos ambientales y sociales.
Asimismo, sobre la transición hacia nuevas tecnologías como la electromovilidad o el hidrógeno, la especialista advierte que su viabilidad depende de factores estructurales, como la disponibilidad de infraestructura de recarga y la generación de energía limpia.
LEE TAMBIÉN: