Ante la demanda de nuevas soluciones para cuidar y proteger los recursos naturales, los distintos sectores están repensando sus operaciones, incluída la logística.
En particular, la cadena de frío está enfrentando nuevos retos de protección al medioambiente, como la eficiencia hídrica, que, aunque no es percibida directamente, sí tiene un impacto real en el consumo de recursos.
“A diferencia del consumo energético, que es medible y visible en casi todos los sistemas, el consumo de agua en la cadena de frío suele diluirse en procesos secundarios, como el mantenimiento de equipos, limpieza de unidades y la gestión térmica, por ello, ha permanecido fuera del radar de operación”, señala José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King.
A pesar de esta falta de visibilidad, el especialista reconoce que “el transporte refrigerado depende de dinámicas que, directa o indirectamente, tienen un impacto hídrico considerable. Desde la fabricación y enfriamiento de componentes hasta la disipación térmica en ciertos sistemas, el agua forma parte del ciclo operativo, aunque no siempre se mida como tal”.
El transporte refrigerado como aliado en el cuidado del agua
Frente a este panorama, el transporte refrigerado se adhiere como una opción más para proteger los recursos naturales, principalmente el agua, cuyo cuidado es crítico en México al ser un país que se encuentra entre los de mayor estrés hídrico, esto según el World Resources Institute.
De acuerdo con el especialista de Thermo King, el transporte de carga refrigerado ofrece las siguientes oportunidades concretas para optimizar el uso de agua:
- Transición tecnológica hacia mayor eficiencia. La migración a sistemas de refrigeración más eficientes permite reducir la carga térmica y, con ello, la necesidad de procesos indirectos intensivos en agua en etapas previas. Tecnologías avanzadas de aislamiento, unidades con mejor coeficiente de desempeño y el uso de energías alternativas disminuyen la demanda energética total y, por ende, la huella hídrica asociada a la operación.
- Innovación en materiales y componentes. La evolución en materiales, lubricantes y componentes está extendiendo los ciclos de mantenimiento y reduciendo intervenciones que implican consumo de agua en la cadena de frío. Incluso decisiones operativas como la consolidación de carga o la reducción de aperturas de puerta generan efectos acumulativos en la eficiencia energética e hídrica.
- Digitalización y monitoreo en tiempo real. La incorporación de sistemas inteligentes permite ajustar con precisión la temperatura y humedad dentro de las unidades de control de temperatura. Esto evita sobreenfriamientos y ciclos innecesarios, optimizando el consumo energético y reduciendo, de forma indirecta, el consumo de agua en la cadena de frío.
- Optimización operativa. La mejora en la planeación logística, incluyendo rutas más eficientes, menor tiempo de espera con unidades en operación y una mejor gestión de cargas, reduce el tiempo efectivo de refrigeración por viaje. Menos horas operativas se traducen en menor consumo energético y, en consecuencia, en una menor huella hídrica.
- Mantenimiento eficiente y nuevas prácticas de limpieza. Equipos bien calibrados, con fugas controladas y en condiciones óptimas, operan con mayor eficiencia. A esto se suman prácticas como el uso de tecnologías de lavado en seco o sistemas de recirculación, que permiten reducir el consumo directo de agua.
- Articulación con la cadena de frío. El transporte refrigerado puede influir en prácticas “aguas arriba y aguas abajo”, promoviendo estándares que integren la eficiencia hídrica en centros de distribución, almacenes y procesos productivos.
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